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Venezuela

El ataque aéreo de Estados Unidos impactó la tumba de Hugo Chávez

Fuerzas militares de Estados Unidos bombardearon el Cuartel de la Montaña durante la madrugada de este sábado 3 de enero, destruyendo el recinto que resguardaba los restos de Hugo Chávez desde 2013. La operación, ordenada por el presidente Donald Trump, incluyó ataques simultáneos contra bases estratégicas en Caracas.

La captura de Nicolás Maduro Moros se concretó este sábado en el marco de una incursión militar extranjera ejecutada en suelo venezolano. La operación, autorizada por la administración de Donald Trump, resultó en la detención y extracción del mandatario hacia jurisdicción norteamericana para enfrentar cargos federales.

Este hecho inédito en la historia política regional desencadenó una ofensiva simultánea contra la infraestructura de defensa nacional. El ataque masivo buscó neutralizar los emblemas ideológicos más sensibles del gobierno bolivariano y sus comunicaciones, actuando en paralelo a la detención del jefe de Estado en el Palacio de Miraflores.

Comandos de élite estadounidenses, apoyados por fuego aéreo de supresión, aseguraron el perímetro de extracción mientras misiles de precisión impactaban el Cuartel de la Montaña. La estructura, ubicada en la parroquia 23 de Enero y lugar de reposo de Hugo Chávez desde 2013, sufrió daños estructurales severos tras el impacto.

Según fuentes de defensa, el ataque a este bastión histórico buscó desarticular la moral de las unidades leales y la base militante del PSUV. La destrucción del símbolo fundacional del chavismo ocurrió simultáneamente a la caída del gobierno central, marcando un hito psicológico en la operación militar.

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La superioridad aérea estadounidense se manifestó también sobre la Base Aérea de La Carlota y el complejo de Fuerte Tiuna, sede del Ministerio de la Defensa. El bombardeo sistemático de estos centros de mando impidió la reacción organizada de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana durante la sustracción de Maduro.

Residentes de la capital reportaron una secuencia de siete explosiones de alto calibre en distintas zonas estratégicas de Caracas. Estas detonaciones fueron seguidas por un corte generalizado del fluido eléctrico que dejó a gran parte de la ciudad incomunicada durante las horas críticas de la extracción presidencial.

Ante el vacío de poder, la vicepresidenta Delcy Rodríguez denunció los hechos como un secuestro y una violación flagrante de la soberanía nacional. El remanente del alto gobierno decretó el estado de conmoción exterior y ordenó el acuartelamiento general de las tropas para la defensa integral.

Sin embargo, la destrucción de los centros de comunicaciones ha generado un escenario de alta incertidumbre entre los mandos medios militares. Se desconoce la capacidad operativa real de la respuesta venezolana en las horas posteriores al ataque, dada la ausencia física de su cadena de mando principal.

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